Personajes principales

Fernando Bances

Fernando Bances Hevia es profesor de Iconología e Iconografía de la Universidad de Oviedo, de unos treinta y cinco años, aunque mentalmente tiene unos cuantos menos. Es hijo de dos catedráticos, Ana Hevia y Fernando Bances, también dedicados a la Historia del Arte. Se toma muy a pecho su profesión, en la cual siempre trata de obtener los mayores niveles de excelencia. Hombre poco dado a la vida social, le gusta ir por libre. Tampoco quiere comprometerse con ninguna mujer, pese a que tiene alguna por ahí loca por él. Aunque vive solo, todavía no ha cortado el cordón umbilical con sus padres, y más en concreto con su madre, por la que siente una especial veneración. En cuanto a carácter y personalidad, es algo flojo, descreído, racional, con escaso sentido del humor, insolidario… Vamos, una  joyita. Es, no obstante, muy educado, tendente a evitar los conflictos y diplomático, incluso con los grupos religiosos que le tratan de convertir. Su peor defecto es sin duda la inmadurez.

Guilford Christie

Su nombre completo de Francisco Guilford Rodríguez  Christie. Es británico, de Londres, pero de origen asturiano. Su padre emigró a Londres donde conoció a su esposa. En la actualidad es dueño de una cadena de restaurantes, un próspero negocio de comida española que empezó con un humilde local, donde él servía de cocinero. En realidad, esa es su profesión. Aunque dueño de un gran patrimonio (posee una gran mansión en Kent, Inglaterra), se siente pobre culturalmente. Desde muy joven tuvo que trabajar y no pudo cultivarse. Debido a ello admira mucho a los eruditos y a los grandes artistas. En su juventud conoció a la madre de Fernando, Ana, que estudiaba en la Universidad de Londres. Vivieron un romance. Ella le fascinaba por su inteligencia y valía, mientras que él no era más que un simple camarero. Durante muchos años mantuvieron una relación epistolar. Guilford, admirador como decimos de todo lo hermoso y artístico, compró en una subasta el Liber Mundi, libro que se cree encerraba una clave para hallar un tesoro, con el propósito de entregar ese hallazgo, si lo encontraba, a causas benéficas con las que colabora. Es muy compasivo, un cristiano convencido y practicante, que se siente muy incómodo con su  relación con Ana Hevia. Estuvo casado pero su mujer falleció hace años, sin dejar descendencia. Ese accidente lo volvió más espiritual si cabe. Está empeñado en seguir el camino iniciático empezado por el Liber Mundi en su búsqueda de sentido a la vida.

Cristina Lara Valls

Cristina Lara es periodista, de más o menos la misma edad que Fernando. Nativa de Sevilla, trabaja en una revista de temas esotéricos. Es muy sociable, apasionada y directa. Detesta tener que escribir reportajes absurdos para su revista cuando cree que podría hacer algo mejor, una novela por ejemplo. Le gusta mucho la lectura, en especial los libros de la alta literatura. Sus autores favoritos son Pavic y Perec, aunque también tiene debilidad por la poesía. Siempre dice lo que piensa, lo cual le hace chocar con la gente. Se siente atraida por hombres inteligentes y misteriosos.  En ese tema es algo retraída por educación. Estuvo en un colegio católico y eso la condicionó. Ni siquiera ahora que es atea puede librarse del todo de ese aleccionamiento. Detesta la Semana Santa sevillana. Es algo superior a sus fuerzas. En su infancia vio fantasmas.

Stefan Stelea

Arquitecto de origen rumano, está obsesionado desde niño con el Liber Mundi, que fue propiedad de su abuelo Andrea. Hombre misterioso, se sabe poco de su vida personal, excepto que se hizo construir un magnífico palacio- castillo llamado Graal – Castle, en el condado de Kent, cerca de la mansión de Guilford y que su familia tuvo un pasado turbio. Stefan busca con afán comprarle a Guilford el libro. Lo desea con todo su ser. Es un gran jugador de ajedrez, aunque en este libro su rival sea más bien fácil y no  le permite lucirse. En su aspecto como arquitecto, es polémico con ciertas influencias de Gaudí; como hombre, resulta enigmático: habla en un tono simbólico, con referencias místicas. Se compara a sí mismo con el Rey Arturo. En las pinturas de su palacio hay imágenes relativas a ese mito intercaladas con otras de origen clásico, como el rapto de Ganímedes, etc. Físicamente es rubio, atlético y de ojos azules, y luce una poco poblada barba, muy corta, en su mandíbula cuadrada.

Thierry Dumont

Aunque oficialmente es  mayordomo de la casa de los barones de Audenas,  Thierry se dedica como hobbie al robo de guante blanco en mansiones y palacios de la ciudad de Toulouse y alrededores. El Barón no solo está al corriente de las aficiones del servicio, sino que incluso estuvo con él en la cárcel de Marsella, donde se conocieron. Thierry Dumont fue condenado por falsificación de moneda en su juventud. Su padre, impresor, se dedicaba a ese negocio y a aprovechar las facultades de su hijo para el dibujo. Thierry es un hombre solitario, reservado y gran amante de la literatura, a la que considera salvadora. Gracias a ella evitó caer en lo más ínfimo, allá en la prisión, y también salvó a su amigo de las drogas. Conocedor del gran encanto de su compañero Jacques y de su elegancia innata, se le ocurrió que podría “pulirle” al estilo Pigmalión y convertirlo en un dandy. Una vez salieron de la cárcel, ambos se marcharon a Niza para iniciar su carrera como caza-dotes. Primero lograron engatusar a una judía rica heredera de más de ochenta años, que legó su fortuna a Jacques. Luego, este se casó con la baronesa de Audenas, de edad similar. Desde ese día viven ambos en el hôtel Malîbrand propiedad de la baronía, con la anciana. Thierry no solo cultiva el espíritu, también el cuerpo, con duras sesiones de pesas y gimnasia. Es un hombre ágil y en forma, de aspecto compacto, fuerte, que luce un aro en la oreja y lleva el pelo cortado a cepillo. Su rasgo más característico, no obstante, son sus tatuajes, que le ocupan brazos, espalda y pecho, y que representan frases célebres de la literatura universal. Thierry es un romántico con deseos de aventura, solo frustrados por su dedicación en cuerpo y alma a su amigo íntimo Jacques.

Barón de Audenas

Su verdadero nombre es Jacques Alberti. Nació en La Castellane, barrio inmigrante de Marsella, hijo de madre soltera. En su juventud coqueteó con la delincuencia, el robo de vehículos, las bandas callejeras. Para apartarlo de todo eso su madre lo metió en un colegio, del cual él escapó, aunque por poco tiempo. En la cárcel de Marsella conoció a Thierry Dumont, quien le fascinó desde el primer momento por ser tan apartado a lo que él conocía. Entablaron una entrañable amistad, casi inquebrantable. En prisión, y gracias a Thierry, Jacques dejó las drogas y se apartó de las bandas de gángsters. Thierry le dio cultura y educación, y lo convenció de que podría aprovechar su buena planta y su carácter simpático y zalamero para propósitos crematísticos. Así que en cuanto salieron de la prisión se dedicaron a cazar viejas ricas y sin compromiso. Su segunda esposa, la baronesa de Audenas, tiene más de noventa años. En general, todas las mujeres que frecuenta sobrepasan los setenta. No le interesa mucho el sexo. Es muy agradable en el trato, aunque algo torpe y de pocas luces. Exagerado, melindroso, sentido, sensible, lleno de achaques, pero con una estampa de lord inglés muy apreciada (algunos lo comparan con David Niven) tiene un gran éxito social. Al contrario que Thierry, no gusta de las novelas de qualité. Su género favorito son las aventuras y los bestsellers de acción.

Andrea Stelea

Andrea Stelea (nacido Petrosani) es el abuelo de Stefan. Nació en Timisoara, Rumanía. Cuando era muy joven los nazis se lo llevaron a Auschwitz, donde contempló un auténtico horror. Sin embargo, debido a su conformación física y rasgos “arios” (rubio, ojos azules, etc) los oficiales nazis pronto lo consideraron germanizable y lo sacaron del campo, con destino a un castillo de Prusia llamado Roteberg, donde trabajaba en el laboratorio del doctor Lazarus Ecker, anterior propietario del Liber Mundi. Andrea escapó con Lazarus cuando las tropas rusas invadieron Prusia. Se embarcaron en el Wilheim Gustloff, un barco de refugiados para huir a Dinamarca, pero el barco fue torpedeado. Ecker murió y Andrea heredó el Liber Mundi, que llevó a Gran Bretaña, donde pasados los años terminaría colocándose como librero. Andrea puede considerarse un moderno alquimista, obsesionado con los secretos del Liber Mundi y muy dependiente de él.

Baronesa de Audenas

La esposa de Jacques (para ella Philippe) es una anciana de más de noventa años, elegante, inteligente y con sentido del humor, que ejerce de guardiana de la primera estación del camino iniciático del Liber Mundi, como sus antepasados. En su juventud también fue aventurera, pero nunca se atrevió a seguir el Gran Camino. Le gustan los perfumes, el pastis y la buena mesa. Aunque tiene mucho cariño a su marido sabe que es un pícaro y no se fía de él.

Egon Gessler

Oficial de las SS que supervisaba los trabajos de Ecker y Andrea en el castillo Roteberg, misterioso y de orígenes inciertos, sus intenciones no quedaban muy claras, ya que tanto colaboraba con Himmler como ponía trabas a los experimentos. Persiguió a Andrea y Ecker en el Gustloff, y luego al segundo en Inglaterra, en busca del Liber Mundi.

Ana Hevia

Madre de Fernando y amor de juventud de Guilford, profesora de Historia del Arte, muy liberal para su edad, y algo egoísta y cínica.

Emma Burton

Nieta de Egon Gessler.

Basilius Feuerbach

Basilius Feuerbach, uno de los rosacruces más influyentes, médico revolucionario y gran grabador, nacido en Sajonia en el año 1545; se doctoró en Medicina en Rostock. Tal fue su fama que llegó a ser físico personal del emperador Rodolfo II. Su mayor aportación a la historia fue el Liber Mundi, tratado esotérico que se suponía contenía en sus páginas las fórmulas para fabricar el elixir de la vida, además de toda la ciencia del mundo y una lengua mágica basada en el primitivo “idioma de los pájaros”, que se hablaba en el Paraíso terrenal antes de la caída del hombre.

Feuerbach era partidario convencido de lo que ahora llamaríamos la “sinarquía”, una forma de gobierno universal regida por la justicia y un grupo de sabios elegidos, algo que se supone también pretendían los templarios. Se cree que tuvo gran influencia sobre otros rosacruces como Comenius, a quien inspiró algunas ideas relacionadas con la creación de un poder político que arbitrara los conflictos entre naciones, y de una especie de parlamento mundial. Pero, además, era un místico, un alquimista y un sabio, un hombre tocado por los cielos, marcado por las estrellas, dueño de un destino poco común. El mismo Nostradamus se entrevistó con él cuando era muy joven, y ya tenía  fama de sabio.

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